Si el sueño de la razón produce monstruos, leer la prensa
diaria antes del primer café de la mañana es motivo de inquietud, intriga y
dolor de barriga. Según parece, un esforzado equipo de investigadores ha
localizado el punto exacto del cerebro donde se encuentra el gen que produce el
miedo. ¡Anda la osa! Las ciencias adelantan que es una barbaridad. Yo creía que
el miedo tenía un origen metafísico y ocupaba un espacio en esa dimensión
desconocida llamada alma, que es algo que todos los animales tienen y algunos
humanos no. La idea de que el miedo, o cualquier otra emoción abstracta, tenga un
origen físico y una ubicación concreta, que pueda por tanto ser medible,
cuantificable, controlable e incluso, por qué no, desarrollable (entre otros
muchos -ables), me sugiere una serie de preguntas y, en última instancia, hasta
un poco de miedo. Huy, que no me oigan los doctores…
Según el Equipo Frankenstein, cuando nuestras madres nos
decían que si no nos comíamos la sopa vendría el hombre del saco, o cualquier
otro coco imaginario, no estaban haciendo sino estimular con sadismo el gen de
marras. ¿Y qué es un gen? Una cosita de nada, una base de carbono aliñada con
salsa de enzimas. Apenas una tilde en la enorme enciclopedia de datos que
conforma nuestro sistema celular. Bien, así pues, ¿cabe pensar que, aplicando a
este gen el equivalente neuronal del bromuro, inhibiremos, conseguiremos
librarnos de esos miedos tontos que tan a menudo nos asaltan de forma absurda? Miedo
a quedarnos calvos, a hacer el ridículo, a que pierda nuestro equipo de fútbol.
Miedo al qué dirán, a que la barriga crezca hasta impedir vernos la cuca, a que
la lluvia nos coja sin paraguas, a que aparezca la primera cana... Podemos
pasar sin esos miedos, qué caramba. Bastante complicada es la vida como para
vivirla atenazados por asuntos de importancia tan relativa. Si desactivar ese dichoso
gen nos libera de la angustia por las cosas triviales, yo me apunto.
Fácil es decirlo.
Por otra parte, el miedo es un mecanismo de protección que
nos salva el pellejo todos los días. ¿Por qué no se nos ocurre acercar la mano
a la llama? Por el miedo a quemarnos, claro. El miedo es el mejor amigo del
hombre, cantaba John Cale, y las guerras abundan en muertos y heridos a mayor
gloria del valor, que es la exaltación enfermiza de la falta de miedo. Pero,
como la ciencia ha demostrado, el miedo tiene una base genética, y suprimirlo
implica ir en contra de nuestra naturaleza. Si eliminamos el gen del miedo
(suena a película de serie B), ¿trascenderemos nuestras limitaciones subiendo
un peldaño en la escala evolutiva o, por el contrario, nos convertiremos en
seres suprahumanos que correrán al matadero con una sonrisa de ignorancia
esculpida en la cara? ¿2001, una odisea
del espacio, o Soldado universal?
En cualquier caso, Un mundo feliz.
El hombre terminal, viéndolas venir.
Rebusquen en los libros de historia y comprobarán que la mayoría de los grandes inventos han tenido, o se ha intentado que tuvieran, su aplicación en la industria del armamento. ¿Acaso no inventó Edison la silla eléctrica, como ejemplo práctico del peligro que entrañaba la corriente alterna descubierta por su competidor Westinghouse? No pasó mucho tiempo antes de que un congresista le viera posibilidades al hot seat y el resto ya lo conocemos. ¿Qué les hace pensar que el descubrimiento del Equipo Frankenstein no haya sido sopesado por algunos cerebros con corbata y galones? Quizá ya estén envalentonando artificialmente a la sociedad. Puede que fumiguen los campos de lechugas con Fluido Antimiedo, o que se lo suministren a las gallinas con el pienso. El próximo paso podría ser inhibir el gen que hace votar a la izquierda. En muchos países de Europa están haciendo grandes progresos en este sentido.
Carape, la de cuestiones que puede sugerir un simple titular cuando ni siquiera son las nueve. Veamos qué dice el horóscopo y la sección de deportes…
Por Jesús Brotons, A.D. 2014. Emitido originalmente en el programa La Gatera de Herri Irratia, 2002.
